miércoles

A mi amigo del Alma Edu.

Hay una canción (concretamente una Sevillana, cante y baile típico del sur de España) que empieza como su propio título: “Algo se muere en el alma… cuando un amigo se va”. Eso es lo que he vivido este año, mi amigo del Alma Eduardo Gil Cárdenes dejaba nuestro mundo para emprender un camino nuevo.

Me gustaría por un instante ser más inocente, o menos comprensivo, y desahogarme y hacerme el “tonto” diciendo: “no comprendo porque ha tenido que ser así”, “ha tenido que ser un error”, “es algo inexplicable…”, pero no puedo engañarme ni negarme a ver la cualidad mas característica de mi adorado amigo: era, es y será ÚNICO, él decidía.

Hay personas que tienen el secreto de éxito, un don muy preciado que hace que cuando te cruzas con ellos no tengas la más mínima duda que van a conseguir todos sus sueños. Y así fue.

Conocí a Edu en Madrid ya hace muchos años, nos presentaron unos amigos en común pero creo recordar que nos caimos fatal. Como vivíamos cerca y los dos compartíamos la afición de ir mucho al cine decidimos acompañarnos y así poder comentar luego las películas, pienso que en el fondo aunque siempre estamos rodeados de gente nos sentíamos incomprendidos, como figuritas de ajedrez fuera del tablero. Como decía empezamos a ir al cine muy  a menudo, en las primeras veces su arrolladora personalidad chocaba directamente con la mía: él SOLO hablaba de él, literalmente; en esas primeras tres películas nunca jamás me preguntó por nada sobre mi, todo era una excusa para hablar de algo que había creado (era un maravilloso diseñador de interiores), o que había visto, de a quien conocía, de lo introducido que estaba en la sociedad, de las envidias que suscitaba o cuales eran sus metas y sueños. Eran interminables monólogos. Yo al principio creía que eran imaginaciones mías, exageraciones (como buen cordobés me gusta exagerar a veces), pero tras esas primeras tres películas hice una prueba: cuando salíamos de ver la película (normalmente en el cine Proyecciones en la calle Fuencarral) aproveché un mini momento de silencio para contarle una intimidad: lo mal que me sentía por la muerte de mi padre, que aún me dolía no haber podido tener con él una relación mejor… etc etc… en un momento de mi relato empecé a emocionarme y cuando me giré a Edu vi que no me estaba prestando la más mínima atención, él estaba en sus pensamientos pero de repente me interrumpió cuando empezaron las primeras lagrimas y me dice entusiasmado señalando a un edificio: “¿pero Dani, has visto esa cornisa de ahí? Es representativa del Madrid de los Austrias y decidieron conservarla por…”. En ese momento, cuando mis sospechas se confirmaron, me quedé en blanco con una inmensa sensación de estar perdiendo el tiempo. Me detuve, lo miré y le dije: “escúchame bien: jamás, nunca me llames más, ni me escribas, ni me digas de ir al cine, ni a recoger un premio de la lotería. No quiero verte nunca más”, y sin más me giré y me marché no sin antes ver brevemente como él se quedaba en la calle sin moverse seguramente intentando comprender que era ese momento no previsto en su perfecta vida.

Pasaron pocos días y empezó a llamarme y a mandarme mensajes, yo pasaba de él, no quería pasar mi tiempo libre con alguien, aparentemente, tan egoísta. Creo que yo me sentía decepcionado de muchas maneras. Un día, al ver que era imposible que contestara a sus intentos, se presentó en mi casa. Cuando abrí le dije que no quería hablar con él pero me pidió que explicase qué había pasado, me dijo que no lo comprendía. Al mirarle a los ojos me di cuenta que decía la verdad, no comprendía por qué yo estaba enfadado.

Nos sentamos y me escuchó durante mucho tiempo, fui duro y claro con él. Le dije, básicamente, que no comprendía como alguien tan brillante como él podía ser tan frívolo e importarle menos la gente, digamos que su capacidad de empatía era cero. Se quedó pensativo durante un rato (yo ya me esperaba que me empezara a hablar de cornisas y sótanos de edificios). En un momento dado salió de sus pensamientos y me dijo que nadie le había hablado así nunca y esbozó un simple: “por favor, enséñame.” Reconozco que me quedé sin reacción y solo pude preguntarle lo más obvio: “enseñarte el qué?” le pregunté, y él me dijo: “a ser un buen amigo, yo no quiero perderte como amigo”. No tuve ni tengo la más mínima duda de su sinceridad y honestidad en ese momento, me estaba pidiendo que le enseñase a ser un amigo, de los de verdad. Y claro, le dije que lo íbamos a intentar.

Ok, lo reconozco, yo no soy fácil tampoco y disto muchísimo de ser perfecto (afortunadamente) y eso es algo que pusimos en la mesa desde ese día: nada de personajes maravillosos, de personas imperfectas intentando aparentar lo que no somos. A partir de ese día conocí a mi autentico amigo del alma, doy fé que hizo esfuerzos titánicos por interesarse por mis cosas (aunque siempre notaba como su mente volaba a otros mundos en algún momento), por preguntarme por mis metas, por contarme sus secretos y su duro pasado, pero a su vez descubrí en él algo único, una energía muy muy concreta: él atraía el éxito, era la prueba viviente de  que la famosa “Ley de la Atracción” (popular gracias al libro El Secreto) es real. Me faltan palabras para poder explicar bien su don, pero un día tuvimos esa conversación: le dije lo que veía, lo afortunado que era por tener ese don y gente a su lado que lo quería y lo protegía. Sin duda consiguió todo lo que se propuso.

A pesar de que conmigo cambió completamente desde ese día en mi casa, con el resto no podía evitar brillar y deslumbrar. Era una estrella social pero cuando estábamos juntos siempre fue empático y real conmigo. Nuestra dinámica de amigos era muy especial: yo le decía lo que nadie se atrevía a decir y su reacción a esto fue, en el 100% de las veces, de respeto y escucha, realmente valoraba mis opiniones.

Sabes? querido Blog, ¿porqué Eduardo era, es y será tan especial para mi? Por qué de manera sincera y limpia me admiraba. Edu estaba completamente seguro que yo voy a cumplir todas mis metas profesionales, que voy a ser la estrella que soñé. Cada vez que pasábamos tiempo juntos (incluso después de años separados por las distancias) y me presentaba a alguien enseguida me introducía de una manera que me sonrojaba, les hablaba de lo orgulloso que esta de su amigo Dani, que si ahora vive en América, que si ha hecho una novela, una seríe, un libro… etc etc. Y eso no pasaba anecdóticamente, era siempre así. Reconozco que yo lo pasaba mal en esos momentos debido a mi timidez crónica pero siempre recordaré algo de esos momentos: sus ojos eran completamente sinceros, él podía verme de una manera que creo que yo olvidé de valorarme así. De alguna forma, después de tantas caídas, lágrimas y golpes, he perdido por el camino un poco de ilusión. Yo no me veía como mi amigo Edu lo hacía.

Después de años sin vernos (él vivía en Londres y yo en Los Ángeles) nos re-encontramos en Madrid en el fin de año pasado (2013). Desde el minuto uno pasa lo que pasa cuando las amistades basadas en el cariño y los sentimientos son sólidos: da igual el tiempo, todo vuelve al punto donde se dejó anteriormente. Tal y como predije él estaba viviendo su sueño: tenía una pareja que lo adoraba y apoyaba al máximo, había abierto su propio estudio en Londres y estaba a punto de tener su primera casa, y todo con apenas 31 años!. Es llamativo pero no me sorprendía nada, él tenia el secreto del éxito. Pasamos una semana inolvidable, me perdonó por no haber podido ir a su 30 cumpleaños (cosa que le dolió mucho), y me dejó un regalo mágico: a pesar de todos mis errores, fallos y demás él seguía admirándome sin fisuras como el primer día. Era tan bonitos esos momentos que me han hecho plantearme algo muy importante en mi vida: ¿Por qué yo no me veo así? ¿Dónde quedó esa pasión y motivación desmesurada? ¿Tengo fuerzas para recuperarla?.

Este veranos del 2014, justo el día antes de empezar a grabar mi primera serie internacional (con un gran elenco encabezado por un nominado al premio Oscar) además de escrita, producida e protagonizada por mí, recibí la notica: a Edu este mundo ya se le había quedado pequeño y emprendió “su viaje”. Su brillo escondía algo más que solo había mostrado a muy pocos: una enorme fragilidad. He llorado tanto que esas lágrimas han abierto una nueva etapa en mi. Ahora tengo un objetivo muy claro en la vida: quiero verme a mi mismo como me veía mi amiguito Edu.

Si que hay una cosa que me ha molestado mucho en esos oscuros momentos: he vivido la fea experiencia de tener que lidiar con gente que buscaban los detalles mas escabrosos de su partida, realmente se me revolvieron las entrañas al ver como esos buitres del sensacionalismo y de lo escabroso intentaban saber más y más. Yo que era su A.M.I.G.O. ni tan siquiera he querido saber detalles y mucho menos estar tentado de juzgarle: por muy enfadado que estuve con él por hacer las cosas como las hizo, no me creo ni más inteligente ni más maduro que él. Desde el minuto uno respeté su decisión.

Luego están los “amigos” que venían a mi buscando respuestas y explicaciones. Me han hecho toda clase de preguntas sobre él y mi respuesta siempre ha sido la misma: “lo siento, es la intimidad de mi amigo y no creo que seas la persona adecuada para compartir reflexiones o interioridades suyas”. Me niego tajantemente a traicionar a mi amigo, de todas maneras no sé si tengo alguna respuesta que pudiera apaciguar algún tormento de alguien que lo ama(ba) de verdad. Pero pienso que solo su familia tiene el derecho a preguntarme. Para ellos siempre tendré palabras y un mensaje claro: Recordad y tened presente a Edu como él querría ser recordado: Brillando.

Para mí, desde el primer día, Edu sigue conmigo. Es imposible que alguien con tanta luz, tanta fuerza, tanta ilusión, tanta fragilidad y tanta pasión no haya dejado una maravillosa estela de energía y esta siga aquí. Eduardo Gil Cardenes es inspiración para mi, es recordar que las metas se consiguen primero soñándolas y después trabajar mucho sin albergar la más mínima duda de que los sueños solo están para hacerlos realidad. El sigue conmigo por qué si aún puedo sentir su amor es que su legado está presente. Una vez la actriz española Mar Flores nos dijo a Biel y a mi que teníamos el secreto del éxito, al fin y al cabo tanto Edu como nosotros no vemos limites ni barreras, solo puertas en el cielo.

Doy GRACIAS a la vida por haber vivido tantos momentos únicos al lado de mi amigo. GRACIAS a la vida también por haberme permitido pasar unas navidades únicas, por haber tenido la oportunidad de decirle cara a cara(y escucharlo de él también) cuanto lo quería.

Gracias, mi querido amigo del Alma, Edu, por hacerme sentir tan especial y querido pero sobre todo por recordarme para qué sirve un sueño. Te prometo que pronto me miraré en un espejo y me veré como tu me veías, estoy trabajando en ello.




Tu amigo, que te quiere.